Salud y Prostitución: el nuevo estudio del Mouvement du Nid
14 Abril 2026El Mouvement du Nid, una asociación feminista francesa miembro de CAP International, llevó a cabo un estudio nacional sobre las realidades y las necesidades en materia de salud de las personas que están o han estado en situación de prostitución. Implantado en 26 departamentos en Francia, el Mouvement du Nid acompaña cada año a varios miles de personas en situación de prostitución y se encuentra con alrededor de 6.000 en los lugares donde se ejerce la prostitución.
Realizada en colaboración con el Inserm y la Universidad de la Sorbona y financiada por la Agencia Nacional de Investigación (ANR), la investigación participativa ASPIRE (Acceso a la atención sanitaria, Salud y Prostitución) fue co-construida tanto con el equipo científico, una psicóloga especialista en trauma, las trabajadoras y voluntarias del Mouvement du Nid, así como de la Amicale du Nid, y supervivientes de la prostitución.
Con motivo de la publicación de los resultados del estudio por parte del Mouvement du Nid, CAP International entrevistó a la coordinadora del estudio: Pauline Spinazze.
Este estudio nació de una constatación: la escasez de datos sobre la salud global de las personas en situación de prostitución, así como de las supervivientes. Las investigaciones y las políticas públicas se han centrado durante mucho tiempo casi exclusivamente en la salud sexual, y la mayoría de las veces a través de un enfoque, indispensable pero limitado, centrado en la gestión de riesgos.
El estudio combina una parte cuantitativa, basada en un largo cuestionario en formato papel para favorecer el intercambio, al que respondieron 258 personas acompañadas por las asociaciones, y una parte cualitativa basada en 45 entrevistas realizadas a personas que están o han estado en situación de prostitución, así como a profesionales del acompañamiento social.
1. Las víctimas de la prostitución expuestas a un continuo de violencias
El 95% de las personas encuestadas afirmó haber sido víctima de al menos una forma de violencia fuera de la prostitución. Estas violencias son diversas: violencia de pareja, violación, violencia intrafamiliar, matrimonio forzado, maltrato psicológico, entre otras. Estas experiencias previas se suman a otros factores de vulnerabilidad.
El informe subraya que el 96 % de las personas en situación de prostitución y supervivientes encuestadas son de origen extranjero, de las cuales el 74 % procede de África subsahariana. Esta prevalencia no es sorprendente: según la Oficina Central para la Represión de la Trata de Seres Humanos, el 90 % de las personas en situación de prostitución en Francia son extranjeras. Su situación de precariedad y sus trayectorias migratorias constituyen factores adicionales de vulnerabilidad, exponiéndolas más a la violencia y a situaciones de explotación.
La exposición a la violencia constituye una realidad central de la prostitución, ya sea ejercida por el proxeneta, el “cliente” o, más ampliamente, por la sociedad. Estas violencias adoptan múltiples formas: físicas, sexuales, psicológicas y verbales, como insultos, humillaciones, amenazas o deshumanización. Las personas en situación de prostitución se enfrentan a situaciones de extrema brutalidad. En este sentido, el 85 % de las personas encuestadas declara haber sido obligada, al menos una vez, a realizar actos impuestos por “clientes”. Los riesgos para su vida quedan ilustrados por testimonios —el de Jean-Charles, acompañante en Nice, recogido en el estudio ASPIRE, es elocuente: «una de las mujeres a las que acompañamos había recibido 19 puñaladas».
El estudio ASPIRE subraya así que las violencias sufridas antes de la entrada en la prostitución (violencia de pareja, intrafamiliar o extrafamiliar…) actúan como catalizador de la explotación sexual, a las que se añaden las violencias específicas durante la prostitución. De esta acumulación emerge la noción de «continuo de violencias».
Sin embargo, las reacciones de las personas encuestadas difieren según el tipo de violencia evocada. Pauline Spinazze señala que las violencias sufridas durante la infancia suscitan una fuerte emoción en las víctimas, mientras que las vividas en el marco de la prostitución se relatan con cierto distanciamiento. El estudio ASPIRE pone de relieve que esta distancia emocional refleja un umbral de tolerancia al sufrimiento particularmente elevado entre las personas en situación de prostitución, vinculado a mecanismos de disociación traumática desarrollados para sobrevivir a la violencia sufrida. Estas violencias se banalizan y su repetición contribuye a habituar a las víctimas a situaciones de explotación cada vez más violentas.
2. La salud mental, una necesidad descuidada
El 51 % de las personas encuestadas presenta riesgo de síndrome depresivo y el 62,5 % presenta síntomas de estrés postraumático. A modo de comparación, una cuarta parte de los militares que han participado en una guerra presentan trastornos de estrés postraumático.
Las consecuencias sobre la salud mental se manifiestan a través de distintos síntomas, como dolores de cabeza, de estómago, sentimientos de tristeza o trastornos alimentarios. Uno de los aspectos más llamativos que pone de relieve la encuesta se refiere al sueño: el 72 % de las personas encuestadas califica su sueño como regular, agitado o muy agitado. Pauline Spinazze también señala que la aparición de trastornos alimentarios (presentes en el 72 % de las participantes) puede ser un síntoma de una salud muy deteriorada, evocando «una relación muy particular con la comida». Precisa que estos trastornos están estrechamente vinculados a las condiciones concretas de la prostitución, en particular la dificultad para comer en horarios regulares y acceder a una alimentación variada y equilibrada.
La salud mental constituye un punto ciego de las políticas públicas en materia de prostitución, que históricamente se han centrado en la salud sexual. Este enfoque también se refleja en las prácticas sanitarias. Como señala Pauline Spinazze, retomando testimonios recogidos durante el estudio: «a veces, pese a varias visitas a urgencias o consultas ginecológicas recurrentes, no se ha hecho ninguna pregunta a las mujeres que acompañamos, a pesar de que el cuestionamiento sistemático sobre las vivencias y las violencias es una recomendación de la Alta Autoridad de Salud». Esta falta de preguntas conduce a una atención parcial, centrada en el cuerpo, en detrimento del sufrimiento psíquico, cuando en realidad todo está interrelacionado, como señalaron varias participantes: «cuando la cabeza no está bien, nada está bien».
Este silencio se explica en parte por la falta de formación de los profesionales de la salud sobre las realidades de la prostitución y sus consecuencias psicotraumáticas. Incluso cuando tienen buenas intenciones, pueden dudar en abordar estos temas por miedo a ser intrusivos o por desconocimiento. A estos obstáculos institucionales se suman barreras por parte de las propias personas en situación de prostitución: miedo al estigma, tabú en torno a las violencias sufridas, deseo de olvidar o mecanismos de protección psicológica. En conjunto, estos factores contribuyen a invisibilizar la salud mental de las personas afectadas.
3. Un acceso a la salud enfrentado a numerosos obstáculos
El acceso a la atención sanitaria de las personas en situación de prostitución está obstaculizado por una combinación de barreras individuales y estructurales.
Las barreras psicológicas limitan el recurso a la atención: la vergüenza, el miedo al juicio, la minimización de las violencias sufridas o la voluntad de olvidar constituyen obstáculos a la expresión del sufrimiento, especialmente del sufrimiento psíquico.
A estos obstáculos se suman barreras sociales y estructurales como las barreras lingüísticas, la situación administrativa, el desconocimiento del sistema sanitario y una fuerte precariedad económica. Estos factores restringen concretamente el acceso a los servicios de salud.
Además, el acceso a la salud está actualmente amenazado por ciertas orientaciones ideológicas y políticas, en particular a través del cuestionamiento de dispositivos esenciales como la Ayuda Médica del Estado (AME). La AME es un dispositivo francés que permite a las personas extranjeras en situación irregular acceder a la atención sanitaria bajo ciertas condiciones. La supresión o restricción de estos dispositivos reforzaría la exclusión sanitaria de las personas más vulnerables y agravaría las desigualdades en el acceso a la atención. Pauline Spinazze subraya que el 42 % de las personas encuestadas se benefician de la AME. Restringir el acceso a este tipo de ayudas es «ponerlas directamente en peligro», recuerda.
4. Enseñanzas del estudio y líneas de acción: el tiempo dedicado y la posibilidad de respuestas detalladas como garantía de un acompañamiento adecuado
Como señala Pauline Spinazze, esta encuesta presentó en primer lugar beneficios inmediatos. Permitió liberar la palabra sobre las violencias vividas, el estado de salud y, en particular, la salud mental, al tiempo que aportó nuevos conocimientos sobre las personas acompañadas. Cita un ejemplo concreto: una mujer participante pudo, por primera vez, hablar de su adicción al alcohol y de la mutilación genital que había sufrido. Esta información permitió adaptar su acompañamiento para responder a sus necesidades específicas. Más ampliamente, la participación en la encuesta permitió iniciar seguimientos psicológicos para varias mujeres y ajustar el apoyo ofrecido por los equipos.
El estudio destaca la necesidad de garantizar un acceso real a la atención sanitaria, incluida la salud mental, para todas las personas en situación de prostitución y las supervivientes. Esto pasa por reforzar los servicios públicos (aumentando los recursos financieros y humanos para los profesionales de la salud), garantizar el acceso efectivo y ampliar la Ayuda Médica del Estado (AME), y poner en marcha dispositivos especializados adaptados a sus necesidades —como espacios dedicados y talleres colectivos de información que promuevan la autonomía. La investigación también insiste en la importancia de formar a los profesionales de la salud sobre las violencias y sus consecuencias psicotraumáticas, así como en favorecer un acompañamiento individualizado y multilingüe.
La encuesta también subraya la importancia de sensibilizar e informar a las personas afectadas para que puedan conocer mejor sus derechos y el funcionamiento del sistema sanitario francés.
Por último, las recomendaciones van más allá del ámbito médico y recuerdan la necesidad de proteger y acompañar socialmente a estas personas: garantizando su acceso a alojamiento seguro mediante la priorización de las víctimas de prostitución y trata de seres humanos, reforzando la ley de 2016 al integrar la salud en los itinerarios de salida de la prostitución (PSP), aplicando la penalización de los clientes en todos los departamentos y aumentando los recursos de las asociaciones. El estudio también hace un llamamiento a sensibilizar al conjunto de la sociedad para comprender mejor estas situaciones y prevenir la violencia.
«Es importante ayudar a las personas que viven la prostitución. Es doloroso, violento y causa mucho sufrimiento. No le deseo esta vida a ninguna otra mujer», afirmó una participante en el cuestionario ASPIRE.
La salud global de las personas en situación de prostitución y de las supervivientes sigue siendo en gran medida invisible. Iniciativas como el estudio ASPIRE contribuyen a visibilizar estas realidades, aportar datos fiables y liberar la palabra, haciendo visibles fenómenos que durante mucho tiempo han estado poco documentados en la investigación.
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